CÓMO HACER VALER TUS DECISIONES FRENTE A TU PAREJA

Cuando decidí emprender un camino distinto al que había llevado hasta entonces a nivel profesional, muchas fueron las voces que se alzaron en contra como si de ellas dependiera mi bienestar físico y mental y sobre todo mi economía. Probablemente pensaban que todo lo que había conseguido hasta la fecha había sido un regalo divino y que mi casa, mi coche y mis facturas se habían pagado porque tenía una máquina de hacer dinero en el sótano de casa. No sé porqué motivo todas esas personas, a las que en mi vida les había pedido ni los buenos días, se empeñaban en darme consejos existenciales que no necesitaba. No obstante, siguiendo mi instinto, y basándome en mi propia experiencia, la cual me había demostrado que profesionalmente había sabido ir creciendo, hice caso omiso. Pero, y siempre tiene que haber un pero, la peor parte me la encontré, curiosamente, en mi propia casa.

No puedo decir que mi pareja no me animase para explorar otros caminos que me ayudasen a abandonar ciertas prácticas a nivel laboral (jornadas maratonianas, estrés elevado al cubo, objetivos, objetivos, objetivos …) pero lo más curioso es que ese “ánimo” a desarrollarme se producía con la boca pequeña.

Y a qué me refiero con la boca pequeña? en pocas palabras, que “del dicho al hecho hay mucho trecho”, o lo que es lo mismo, te diré lo que como persona de mi tiempo y pareja debería decirte, pero no te muevas ni un ápice que requiera mayor compromiso contigo misma y con tu proyecto del que yo tengo con el mío. Porque, señoras y señores, su vida, su trabajo y sus relaciones con el mundo eran más importantes que las que yo pudiese desarrollar a partir de ese momento.

Porque cualquier esfuerzo que requiriese el que él tuviese que reducir su jornada, dedicarse más a su prole o colaborar en casa, no entraba en su estructura mental. Porque, simplemente, el que yo hubiese optado por emprender nuevos caminos se traducía por arte de magia en tener más tiempo para ser ama de casa. Tal cual.

Como tú estarás en casa esta mañana podrías poner las lavadoras, como tú estarás en casa esta mañana acuérdate de que hoy vendré a comer, como tú estarás esta mañana en casa limpia, como tú estarás esta mañana en casa haz las camas, como tú estarás esta mañana en casa dobla la ropa, como tú estarás esta mañana en casa quédate con la niña porque hoy no tiene cole, una lista interminable de “como tú estarás en casa”, que se reducían a determinar que mi labor en casa era la de ser su chacha y no una mujer trabajadora. Parecía no entender que si había renunciado a un buen trabajo con el que me ganaba la vida muy bien, no era para ser la la interna doméstica de nadie (con todos mis respetos).

Todo esto me sirvió para darme cuenta de mi gran error al considerarme una igual en la relación.  La persona que supuestamente debía apoyarme y en cierto modo respaldarme, de repente me había convertido en algo menos que su comodín.

Mi pareja era incapaz de entender que si pasaba algunas mañanas en casa era para trabajar, que mi oficina se había trasladado a casa para empezar a emprender, para poder rebuscar en mi interior cómo enfocar mi nueva visión de las cosas y sobre todo para encontrar algo de paz.

Pero no, todo lo contrario, además de tener que conciliar con mi faceta de madre, debía conciliar con mi faceta de “chica para todo” por lo que tuve que rearmarme e imponer, y digo bien, imponer, mis inamovibles.

1º.- Mi tiempo no es menos valioso que el tuyo y el como lo gestiono es un problema meramente mío en el que no debes inmiscuirte. En alguna ocasión me había encontrado con la paradoja de que aún teniendo mi agenda planificada, él, sutilmente, me preguntaba cómo tenía mi mañana para poder meter con cuña alguna de sus demandas.

2º.- Cumplo un horario que me flexibilizo yo solita y a mi manera. Durante mucho tiempo he dirigido mi trabajo y el de otras personas por lo que no necesito que nadie me organice en este sentido para optimizar mi tiempo y conseguir incluir tareas que no me interesan y que, ni mucho menos, estimo de mi única competencia.

3º.- Si la canguro falla, es responsabilidad de ambos y no solamente mía, el encontrar otra alternativa, porque el tiempo que dedico a trabajar es tan valioso como el que tú dedicas.

4º.- Tú no me mantienes, gracias a mi trabajo y esfuerzo, cuento con un respaldo económico que, actualmente, me permite no depender de nadie. Así que yo me ocupo de aportar lo que me toca al conglomerado familiar y tú ocúpate de hacer lo mismo y dejar de pensar que me vas a tener que mantener por haber optado por otro destino profesional. No futurices algo que no ha sucedido, que te inquieta sin necesidad y que te infunde inseguridad.

5º.- Si no respetas todo lo anterior habrás dejado de respetarme a mi.

6º.- Y sobre todo, sigue confiando en mis capacidades y en las tuyas sin exigir lo que tú no te exiges a ti mismo.

Frente a todas estas imposiciones que creía debían ser inalteradas, recibí una respuesta negativa. Claro está que cuando agitas la pajarera y le pones la realidad en las narices a un ególatra, no tiene otro remedio que retorcerse, pero con el tiempo y sabiendo que además de ser un ególatra es una persona con una gran capacidad de entender las cosas y con una profunda sensibilidad, acabó asumiendo que las cosas que yo planteaba eran de pura lógica y que al final se trataba de tomar posiciones intermedias , respetar la voluntad del otro sin socavar la voluntad propia y comunicarse.

Hemos de entender que, en ocasiones, lo que en nuestra mente se muestra de un modo claro y obvio, en las personas que nos rodean puede no ser así, y que la asertividad, en estos casos, es una gran aliada. Yo tomé la decisión inicial de ser más contundente para provocar una llamada de atención sobre algo que no me parecía justo y que me permitiera fijar el punto de partida para reconducir la situación de un modo más asertivo y conciliador.

Es importante que no dejes de recordar que aunque las decisiones se tomen de un modo consensuado, el cambiar los roles, las rutinas y las prioridades puede suponer un inconveniente en los demás que debemos aprender a salvar y reconducir.

Recuerda fomentar el diálogo buscando las herramientas comunicativas necesarias que te permitan lograr tu objetivo y formar equipo.

 

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