CÓMO SUPERAR EL SENTIMIENTO DE CULPA DE UNA MADRE ORQUESTA

El sentimiento de culpa forma parte de la idiosincracia de todos las sociedades y culturas del mundo occidental. De hecho se trata de una de las herramientas de manipulación más antiguas que existen pues de alguna manera ayuda a mantener el orden público y la manera en la que muchas veces nos relacionamos tanto a nivel familiar como social.

Por todo ello podríamos determinar que, a grandes rasgos, el sentimiento de culpa cumple una función adaptativa que se asocia al aprendizaje y el desarrollo personal.

El problema surge cuando ese sentimiento pasa de ser meramente adaptativo para establecerse como un malestar constante que puede llegar a condicionar nuestra vida e incluso puede dejarnos paralizados ante determinadas situaciones.

Esa falta de gestión emocional nos conduce a una ausencia en la resolución del problema, pues nos sume en un profundo hastío y en el pensamiento recurrente sobre lo que podríamos haber hecho y no hicimos, anclándonos en el pasado sin disfrutar del presente.

En ocasiones este sentimiento de culpa nos ayuda a explicar determinadas situaciones de las que no nos sentimos orgullosos y de las que consideramos que si en su día no actuamos de otro modo, fue porque en el fondo somos buenas personas, pues de lo contrario, no albergaríamos ese sentimiento de culpa (la persona que se siente culpable es buena mientras que la que no tiene sentimiento de culpa es fría y mala).

A pesar de todo, el sentimiento de culpa no siempre hemos de entenderlo como algo negativo pues también nos ayudará a fijar límites, a respetar a los demás y a revaluar determinadas situaciones.

¿ Cuándo se transforma el sentimiento de culpa en algo negativo? 

El sentimiento de culpa de transforma en algo negativo cuando esa sensación se vuelve perjudicial y llega a controlar nuestra voluntad o nos arroja a la negatividad y/o tristeza constante.

En el caso de la maternidad, el sentimiento de culpa suele presentarse cuando consideramos que como madres estamos pudiendo tener determinados comportamientos “poco acertados/aceptados” por nuestro entorno o por la sociedad en general, llevándonos a unos insostenibles niveles de autoexigencia. Y ¿ qué ocurre cuando no cumplimos con esa autoexigencia ?  que nos asedia la frustración y el sentimiento de que podríamos llevar la crianza de nuestros hijos de un modo “mejor”/más aceptado. Es ese sentimiento el que acaba tornándose como algo insoportable y condicionando nuestras decisiones de tal manera que nos cuestionamos todo lo que hacemos y no hacemos con nuestros hijos sin un fundamento real que lo ampare. “Si quedo con mis amigas un par de horas y dejo a mi hijo es porque no me gusta estar con él”, “si trabajo y dejo a mi hijo en la guardería, pensarán que no estoy dispuesta a sacrificarme por él y entonces, ¿para qué lo tuve?”, “si le doy biberón en lugar de amamantarlo, tendré que aguantar miradas de reproche porque no le estaré alimentando como debiera”… Una lista interminable de reproches, que en la mayoría de los casos, son condicionantes adquiridos y no decididos voluntariamente.

A continuación te daré, basándome en mi experiencia, 7 claves para gestionar ese sentimiento de culpa de “mala madre”:

  1. Acepta que eres una persona real y que la mujer orquesta, como digo siempre, aunque “perfecta” también se equivoca. Eres madre y ser humano y como tal puedes cometer errores y lo mejor es que puedes aprender de ellos.
  2. No te compares con otras mamás. El dicho “las comparaciones son odiosas” no podría describir mejor el hecho de que cada “maestrillo tiene su librillo” y al igual que consideras a tu hijo como un ser único, considérate a ti misma como una mamá única que actúa según su instinto de la mejor manera posible. Recuerda que tu hijo te quiere a ti y no a una versión descafeinada de la vecina de al lado.
  3. Aprende a reírte de ti misma como madre. Desdramatizar cualquier situación, como darle un biberón sin calentar la leche, te ayudará a poner las cosas en perspectiva y a calibrar que no todo lo relacionado con el manejo de tu hijo es de importancia capital. Convéncete de que lo mejor que puedes hacer por tu hijo es darle tu amor incondicional y ser tú misma.
  4. Acepta que el tiempo que no dedicaste a tu hijo nunca volverá, pero que el futuro aún está por escribir y solo tú debes definir cuándo y cómo pasarás ese tiempo. Situarte en el presente te ayudará a disfrutar el tiempo real que estés con tu hijo.
  5. Acepta que tomarás decisiones que pueden disgustar a otras personas (abuelos, tíos, amigos) porque es algo natural y no por ello tu decisión es menos acertada. Nadie como tú conoce a tu hijo. Posiciónate ante las personas que te rodean e intentan manipularte a través de la culpa, mostrándoles que eres capaz de tomar tus propias decisiones aunque eso no les guste.
  6. La culpa es una opción que en muchos casos eliges para no abordar determinadas situaciones que si gestionases te ayudarían a liberarte de la sensación de autocontrol constante.
  7. Acepta el sentimiento de culpa siempre que éste te ayude a crecer y a aprender como madre.

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