COSAS QUE SOLO UNA MUJER ORQUESTA AL APARATO COMPRENDERÁ

No sé si alguna vez habéis tenido la sensación de estar trabajando en vano, de que se os van las horas y no avanzáis, de que el mundo ha conjurado en vuestra contra para quedaros ancladas en el mismo punto día tras día.

Estoy en un momento de descubrimiento de nuevas habilidades o más bien de potenciación de algunas que por las circunstancias habían quedado relegadas en el baúl de los recuerdos.

Pero qué me encuentro ? me encuentro con impedimentos que me bloquean, me saturan, me enervan y trastocan mis ganas de seguir avanzando.

Soy una mujer orquesta en toda regla, pero como buena mujer orquesta a veces me enroco en querer hacerlo todo al mismo tiempo, en no dejar nada al azar y por ello en ocasiones desfallezco, me enfado e incluso me encierro en mi misma.

Pero si hay algo que también sé hacer muy bien es volver a mi objetivo. Levantarme en armas contra mi propio malestar e intentar mirar las cosas con otra perspectiva.

Si hay algo que he aprendido a lo largo de toda mi vida es a que nadie regala duros a cuatro pesetas, como solía decir mi abuela, así que nadie va a venir a solucionar mis problemas.

Si hay algo que he aprendido a golpe de decepciones es que el mundo sigue girando aunque tú decidas apearte de él y que los que te tienden una mano no siempre van a estar ahí para ti, por lo que has de aprender a buscar tus propios recursos. Has de aprender que quién mejor puede ayudarte en tu vida personal y profesional eres tú misma. Aunque suene a tópico, esto es así.

Ni tu pareja, por mucho apoyo que te preste (imagínate si no lo hace), ni tus amigos (porque tienen su propia vida), ni tus propios padres podrán ponerse en tu piel y sentir lo que tú sientes frente a tus frustraciones y anhelos. Por mucho que eso duela, por mucho que tengamos la sensación de que a veces no vamos a ser capaces de sacar la cabeza y seguir avanzando, creedme, lo somos.

Hoy puede ser uno de esos días en los que la vida te mande un reto y no estés preparada para resolverlo, pero ten por seguro que está en tus manos y predisposición el hacerlo. Y eso no implica que no puedas sentirte agobiada, con ganas de encerrarte en el cuarto de baño a llorar para que nadie te vea (lo admito, me ha pasado), porque nadie, excepto tú, tiene el poder para cambiar la óptica con la que mira las cosas.

Os puedo asegurar que mi vida nunca ha sido un camino de rosas (sé lo que es tocar fondo) y que he “sudado” hasta el último logro obtenido, por ello, en este día en el que parece que los astros se han alineado para que no avance, voy a sacar pecho y a recordarme cómo empecé y a dónde quiero llegar. Voy a canalizar mi mal humor y a transformarlo en energía para continuar con mi reto.

Desde luego tengo claro dónde quiero llegar y cómo hacerlo, así que como buena mujer orquesta al aparato volveré a coger mi batuta para hacer sonar la banda sonora de mi vida. Aunque permitidme, de vez en cuando, que tenga estos arrebatos de sinceridad.

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