CÓMO COMENZÓ ESTA HISTORIA

Hace unos años, y no son tantos, que mi vida giraba entorno a mi profesión. Cualquier atisbo que implicase familia, hijos o el binomio, me producía urticaria. Mujer ejecutiva, con grandes logros profesionales, vestida para desfilar (imposible que saliera de casa sin que mis pendientes conjuntasen con mi camisa y ésta con mis zapatos que por supuesto eran de firma). Hasta que un día, cúmulo de muchos otros, empecé a somatizar físicamente los excesos de trabajo, las jornadas de estrés, la obsesión por el cumplimiento de objetivos y la vida de “glamour” que me había montado. Porque sí, señoras y señores, me convertí en una sombra de lo que había sido, mi personaje desfalleció dando paso a una nueva versión de mí más debilitada y sumamente insatisfecha

Pasé por un largo proceso de recuperación en el que a más de uno le encantó especular sobre mi persona, que si habría contraído alguna enfermedad rara en alguno de mis viajes, que si ya se veía venir … en definitiva, los “sabelotodo” poseían la clave de todos mis males.

Entre tanta fatiga, me convertí en madre, sí, sí, en MADRE. Y qué ¿cómo se me ocurrió con la que tenía encima?  Pues muy sencillo, tras un trágico suceso acaecido en medio de mi búsqueda existencial, empecé a replantearme cuáles eran mis expectativas vitales y cuáles, creyendo que lo habían sido, me habían conducido hasta ese momento de mi vida. Y tras valorar que quizás mi “santa santorum” había sido de lo más perjudicial hasta entonces y que tenía una vertiente de mi persona ávida por descubrir  nuevas facetas emocionales, decidí ser madre.

No puedo decir que me sintiera madre desde el momento en que me plantaron a mi bebé encima del pecho, porque mentiría, pues mi sensación es que aprendí a quererlo a medida que nos íbamos conociendo. No tuve una experiencia religiosa al ver su carita por primera vez, aunque he de admitir que me sentí conmovida, por lo que esta serie de sentimientos encontrados me hicieron replantearme que quizás no tenía el llamado instinto maternal. Es más, yo siempre había dicho, pre- periodo revelación, que si no era madre tampoco me iba a suponer ningún trauma. Así que con ese cúmulo de contrariedades, seguí mi proceso de recuperación físico y emocional, abandonando por el camino a muchos que, tiempo atrás, habían besado el suelo que yo pisaba, y que ahora debían estar ciegos, sordos o desaparecidos, porque, fíjate, me borraron de su lista de “person of interest” para dejarme en el olvido (será que ya no  podían sacar nada más de mí).

Contra todo pronóstico logré recuperar mi centro aprendiendo que en esta vida, como una vez me dijo alguien, no siempre se puede ser un 10, y aunque puedas, a veces es mejor ser un 8 o un 7, ya que si la “superwoman” existe, no nos engañemos, va reventadita.

Así que como no tenía bastante, pasé de dirigir equipos profesionales a dirigir, también, a mi pequeño equipo familiar y el conjunto de todo ello me convirtió en una mujer orquesta, incluso antes de que me diese cuenta.

Y ¿qué he descubierto? que soy capaz de hacer y gestionar muchas cosas bien, pero a la vez he de permitirme el error, la frustración, el cansancio y, sobre todo, he aprendido a reírme de mí misma. Cuando asumí que lo mejor que podía hacer era no esperar la aprobación de los demás y abandonar su intransigencia, empecé a darme cuenta de que podía vivir más feliz conmigo misma y por ende irradiar una nueva y auténtica versión mejorada de mí misma.

Por todo ello y en mi afán por desarrollar todas las ideas que rondan mi mente, he creado este espacio, con el que espero conocer a otras mujeres, que como yo, han pasado por un proceso de autoconocimiento que les ha ayudado a crecer a cualquier nivel

Vamos a integrar nuevas habilidades tanto personales como profesionales, todo ello a través de herramientas como la consultoría y el mentoring para mujeres reales y con inquietudes diversas.

Espero que éste sea un espacio de intercambio en el que poder dar cabida a todas esas mujeres, que como yo, buscan alzar su voz.

Mujeres Orquesta del Mundo, uníos! porque todas somos, seremos o hemos sido MOA en algún momento de nuestra vida. 

 

 

1Comentario
  • Eres una madre políticamente incorrecta? |
    Publicado a las 13:03h, 05 enero Responder

    […] el post de presentación de Mujer Orquesta al Aparato,“De cómo comenzó esta historia”, explicaba que no me sentí madre desde el momento en que me plantaron a mi bebé encima del […]

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