DESMITIFICANDO A LAS MADRES POLÍTICAMENTE INCORRECTAS (O LO QUE ES LO MISMO, SER MALA MADRE ESTÁ DE MODA).

Vaya por delante que este post no va a ser una crítica hacia nadie que se identifique con la ruptura de estereotipos.

Se trata más bien de un punto del punto de vista de una mujer, madre y trabajadora a la que no se la colaron en su infancia. Y con esto, ¿qué quiero decir?

Sencillo. Puede entender y entiendo (porque he pasado por ello) el desbordamiento de sensaciones y sentimientos encontrados que se producen tras la maternidad. La incomprensión que se siente alrededor cuando sufres una depresión postparto de caballo o el machaque al que te somete tu entorno que no hace más que acrecentar tus dudas sobre si lo estarás haciendo bien como madre.

Pero, a mi personalmente, me da la sensación que hemos pasado de un extremo a otro. A mi nadie me dijo que la maternidad fuese maravillosa, ni que los hijos no coartarían mi libertad de movimiento, ni que recuperar mi figura fuese cuestión de buena voluntad.

Si algo le debo a mi madre y a mi capacidad de analizar mi entorno, es que jamás llegué a tragarme ningún cuento al respecto de la maternidad. Ni tan si quiera llegué a pensar que con la llegada de mi hija mis cargas personales con respecto a eso, fuesen a ser iguales o menores a las de su padre. Más bien todo lo contrario.

No sé, pero yo no vivo en una realidad paralela en la que las mujeres con hijos se pasan el día fantásticas y maravillosas paseando el carrito a pie de playa. Antes de convertirme en madre, ya veía las dificultades que se plantearían y las renuncias que tendría que hacer al respecto.

No es que me resignase, simplemente fui muy consciente de la realidad que me tocaría vivir.

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Obviamente que hay cosas que son impredecibles, pero ¿de verdad creías que en tu trabajo estaría bien visto que finalizases la jornada laboral a tu hora cosa que no hacías antes de ser madre? Solo por poner un ejemplo.

Que debemos romper con estereotipos y diferenciaciones entre nosotras y nuestros homólogos masculinos es una verdad tan absoluta como la de que la tierra es redonda. Pero no podemos pretender que decisiones personales acaben convirtiéndose en una lucha solo por el hecho de que ahora sí me ha tocado a mí comérmelo con patatas.

Tengo la sensación de que alzar la voz en este país se ha convertido en una manera de conseguir autobombo, por lo que los que mandan desoyen cualquier propuesta que les lleve más de un minuto resolver.

En una sociedad en la que la solidaridad con los problemas del prójimo brilla por su ausencia porque a mi no me toca, no podemos más que quedarnos en la superficie de la resolución de los problemas.

Si no somos capaces de ver las cosas antes de que nos pasen, de poner remedio antes de que la losa nos caiga encima y de abandonar modas y corrientes que no hacen más que repetir slogans para captar adeptos, no conseguiremos nada.

Desgraciadamente estamos más ocupados en figurar, en reírnos de nosotros mismos para no asumir cuál es nuestra verdadera realidad, que de otra cosa.

Está muy bien reivindicarse pero siempre y cuando tengamos un fin, hagamos algo por nosotros mismos para mejorarnos a nosotros y a nuestro entorno.

Me resulta cansino leer o escuchar lo gracioso que es manifestar el cansancio que nos producen nuestros hijos. Lo bien que estaría escaparse un viernes por la noche a tomar unos gin-tonics, sin llevar a la prole colgada del cuello. Lo que antes me producía cierta empatía, ahora me resulta pura demagogia.

Quizás sea porque soy una mujer de acción o porque me he cansado de que la moda de ser una madre imperfecta cause tan buena aceptación.

Yo me pregunto, ¿dónde estabas cuando eras simplemente una mujer sin hijos? Una mujer imperfecta, llena de dudas sobre tu futuro. ¿A caso te importaba entonces salir más tarde del trabajo o cobrar menos por hacer lo mismo que tu compañero masculino?

No sé, debo ser rara, pero creo que, como dice mi madre, “ni tanto ni tan calvo”. Ni lo de antes, cuando tragábamos con ser amantes esposas y madres, ni lo de ahora.

Todos necesitamos el desahogo, el soltar lastre en determinados momentos, claro que sí, pero ¿ y si todas hiciésemos algo por cambiar la situación? Algo más allá de dejar comentarios soltando tus penurias como madre en un post de Facebook o en un tweet.

Después de haber llevado a cabo mi particular cruzada a través de la plataforma de la lucha emprendedora ,me he dado cuenta de que lo que no es simpático no cala, de que hablar de tomar acción con propuestas concretas para cambiar las cosas de verdad, no está de moda.

Es preferible echar unos chascarrillos en la puerta del colegio o tomando un café porque así es como se cambia el país señoras y señores.

Probablemente haya un gran número de personas que no estén de acuerdo con mis palabras, a esas personas les diría, ¿ qué haces cada día para intentar mejorar tu vida y la de tus seres queridos? ¿quejarte? ¿trabajar y seguir tragando porque has de mantener lo que tienes? Entonces, ahorra al mundo tus monsergas y deja de gastar tu tiempo en “posturear”.

Yo he sido, soy y seré una mujer imperfecta y muy consciente del mundo que me rodea desde que tengo uso de razón, así que si no hago nada por cambiarlo tampoco espero ir arrastrándome con mis lamentos allí dónde me quieran escuhar. Y ¿tú?

 

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