¿ALGUNA VEZ HAS SENTIDO QUE TU PEOR ENEMIGA ERES TÚ MISMA?

Este post iba a titularse “Si me pagasen porque cada vez que me auto saboteo sería rica”, pero decidí no ponerme tan dramática y optar por un título más socorrido.

Hay un fenómeno que nos sucede a muchas mujeres y que se refiere a las limitaciones que nos autoimponemos ante situaciones que no queremos o no sabemos afrontar. En coaching ese fenómeno se conoce como el “saboteador” y se refiere principalmente, a todos los “no puedo”, “no seré capaz”, “no seré lo suficientemente buena para hacer esto o lo otro”, lo que en palabras de mi madre serían “excusas de mal pagador”.

Estas creencias limitantes nos impiden avanzar anclándonos en la duda permanente sobre nuestras habilidades y talentos, dejando que nuestra imaginación actúe de un modo destructivo.Cuan

Cuando empiezas en el camino del emprendimiento saliendo de lo que se conoce como tu zona de confort (aquella en la que controlas la situación y te desenvuelves con cierta solvencia) los demonios del saboteador se desatan hasta el punto en el que paralizan cualquier tipo de acción que te acerque a tus nuevos objetivos.

En ocasiones esto llega a producir cierto estrés emocional (y digo cierto por no echarle más leña al asunto) de manera que lo único que consigues ver con claridad es que si “saltas al vacío” te vas a matar (¡malditas obviedades!).

En mi caso, y como buena Mujer Orquesta al Aparato que soy, mi saboteador no iba a ser “moco de pavo” o dicho de un modo más fino, no iba a ser irrelevante y pasajero.

No, mi saboteador comparte duchas, desayunos, comidas e incluso lecho, conmigo, haciendo que utilice mi imaginación de un modo destructivo y mostrándome lo incompetente que puedo llegar a ser para todo nuevo reto que me proponga.

Así que, siguiendo el principio de “mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos más” un día decidí poner nombre a mi saboteador e identificarlo con una figura muy concreta para detectarlo en esta etapa como mujer emprendedora en cuanto asomase su cabecita.

Mi saboteador se llama Sra. Banks (será por eso de que tantos años en el mundo financiero han dejado su huella). Es una mujer bien parecida, con un gusto exquisito para vestir perfecta en cualquier ocasión, triunfadora en lo profesional y con una ingente vida social (me recuerda a alguien, no sé, no sé …. ). Por el contrario, también es un ser destructivo que vive exclusivamente para recordarme que en esto del emprendimiento hay muchas personas que llegaron antes que yo para hacer lo mismo y que por tanto tienen más experiencia y recorrido (¡menudo planchazo!).

A mi saboteador le da igual toda mi experiencia profesional acumulada, que haya conseguido avanzar en mi carrera profesional dentro de la empresa privada hasta llegar a tener puestos de responsabilidad. Le da igual que me bloqueé porque lo que le interesa es mantenerme en una zona de “protección” desde la que evite ponerme en ridículo (o eso se cree), fracasar o enfrentarme al rechazo.

Todos sus argumentos me seducen de tal manera que se los acabo comprando porque tiene la capacidad de coger una parte de la verdad y convertirla en la única verdad o verdad absoluta.

Mi saboteador acaba evidenciándome verdaderas razones de peso para desistir en mi empeño emprendedor, eso sí, lo hace mostrándome únicamente una parte de la realidad.

Se muestra sabio, prudente e incluso cautivador, de manera que casi me convence para desistir de mi nuevo proyecto de vida.

Pero, ¿cuál es la clave para lidiar con tu saboteador?

Desde la experiencia puedo decirte que la clave está en detectar qué emoción hay detrás de ese auto saboteo.

Normalmente serán el miedo, la indecisión, la poca aceptación por parte de tu entorno sobre tus nuevas expectativas de vida, la falta de aire para respirar ante lo que parece un salto al vacío sin paracaídas, los que harán aflorar a tu saboteador.

Ante esto, es importante tomar cierta distancia, anotar todas esas sensaciones y describirlas argumentando las verdaderas razones qué se esconden tras ellas.

Es probable que cuando hagas este ejercicio veas realmente que es tu saboteador el que manipula tus argumentos y se hace dueño de todos ellos.

Cuando tomamos consciencia nos damos cuenta de que nuestros miedos son solo eso y que cuando en su día decidimos emprender y pasar a la acción fue porque valoramos no solo los aspectos negativos de hacerlo, sino también los positivos.

De igual manera anota porqué decidiste tomar las riendas de tu vida y comenzar a emprender y qué beneficios (porque también los hay) aportarán a tu nuevo estilo de vida.

No se trata de verlo todo como si de una almibarada película de Disney se tratase, sino de ver la luz al final del camino. De saber que la posibilidad de que fracases existe, pero al igual que existe la posibilidad de que triunfes. Claro que puede haber cincuenta millones de personas que ya se dediquen a hacer lo mismo que tú pretendes ahora, pero ninguna, y esto clávalo a fuego en tu cerebro, tiene tu recorrido profesional previo, tu bagaje y sobre todo tu experiencia vital, aquella que nos hace único ante los demás.

Así que cuando interiorices que tienes algo fundamental que aportar a través de tu particular manera de hacer y ver las cosas, serás capaz de sentarte a tomar un café con tu Sra. Banks y reírte de lo humano y lo divino.

Y a tí ¿te ha sucedido lo mismo? déjame tu comentario debajo y no te olvides de compartir para ayudar a otras mujeres emprendedoras.

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