SER UNA MUJER FUERTE, CUESTIÓN DE ACTITUD

Hace ya mucho tiempo que asumí mi rol de mujer fuerte pues la mayor parte de mi vida he sido una persona con opiniones claras que no se ha amedrentado ante nadie para defender su posición. Esta manera de entender mis valores como mujer no siempre ha sido bien recibida por las personas que me han rodeado, sobre todo si tenemos en cuenta que algunas de ellas han salido escaldadas al intentar manejarme sin conseguirlo. Por contra, aquellas personas que se han mantenido a mi lado coinciden en valorar mi honestidad para con ellas y mi capacidad para dirigir mi vida de la manera que he creído más conveniente.

Este modo de entender mi relación con el resto del mundo en ocasiones me ha revelado lo tan falsa e hipócrita que puede llegar a ser la gente, sobre todo si te mueves en un entorno laboral donde la competitividad forma parte de la agenda diaria y donde el mediocre triunfa sin más talento que el de saber arrimarse al árbol que más sombra cobija. Mi carácter fuerte me ha dado la perspectiva para saber analizar las situaciones, posicionarme y no pertenecer al rebaño, ejerciendo una libertad que en la mayoría de las ocasiones no ha sido bien recibida.

Pese a todo, en el trabajo, siempre he intentado no dejarme influir por la “masa” y sobrevivir en un mundo extremadamente masculinizado y hostil en el que el propio instinto de supervivencia me ha llevado, en ocasiones, a confundir mi carácter fuerte con la necesidad de adoptar un rol masculino, lo que me ha podido llegar a convertir en un autómata de la consecución de objetivos y no de metas vitales.

Durante mi periodo de readaptación al mundo, y coincidiendo con la maternidad, me he dado cuenta de que las mujeres fuertes damos miedo, por no decir pavor, a todo aquel que nos rodea y es incapaz de ver más allá. Porque en realidad, tener un carácter fuerte no es sinónimo de ser mala, gritona o malhumorada, sino que se trata de una actitud ante la vida en la que dices, basta, se acabó, soy dueña de mis deseos y cautiva de mis pensamientos, pero nada más. No voy a dejar que nadie me maneje y si dejo que eso suceda será por consciencia y elección, porque las compensaciones me satisfagan más.

Ser fuerte no es una cuestión de imponerse al resto, sino de priorizar nuestros pensamientos y voluntades a las de los demás, sin buscar ofender, ni relegar a nadie, pues la diversidad de ideas y opiniones es lo que nos hace ricos de espíritu. Se trata, en esencia, de no necesitar la aprobación de nadie para sentirnos valoradas.

Esto me ha llevado a una conclusión clara y es que al final todo se reduce a superar o no el miedo a hacer valer o no nuestra voluntad frente al “qué dirán” los demás. Si nos preocupamos por el qué dirán nos adaptaremos a cada situación para que los demás estén bien y así no crear polémica desechando nuestros verdaderos deseos y generando, por tanto, una enorme frustración.

En definitiva, acallar nuestra voz y no dar nuestra opinión nos servirá, única y exclusivamente, para no generar conflicto.

Lo malo de todo esto es que en ocasiones, la mujer fuerte es muy mal entendida, o eres una “malfollada” (permitirme la ordinariez) o estás amargada pues existen ciertos personajes que no conciben que una mujer pueda querer alzar su voz, en un sentido figurado, sin ánimo de ofender a nadie. Y que esa voz quiera decir algo que para muchos, pueda resultar chocante.

Y de quién es la culpa? En mi caso lo tengo claro, la culpa es  completamente mía, por haber adoptado un rol masculino durante mucho tiempo, por entender que para hacerme escuchar tenía que ser más dura que nadie y sobre todo por no hacer aflorar mi sensibilidad para tratar ciertos aspectos de la vida más a menudo.

No pretendo erigirme como estandarte de la femineidad pero si que cada vez tengo más claro que la mujer fuerte debe serlo por convicción y que el desfallecer en ciertos momentos no es una debilidad, si no una manera de coger aliento para seguir hacia delante.

No debemos adaptarnos a roles masculinos. Debemos explorar más nuestras capacidades, esas que son intrínsecas a nuestro ser, tales como nuestro instinto y a partir de ahí potenciarlo y valorarlo como parte esencial de nuestro éxito.

Para finalizar me gustaría hacer un apunte sobre las relaciones de pareja. Mi experiencia personal me ha demostrado que a los hombres inteligentes y capaces no les asustan las mujeres con autodeterminación. Es importante que no caigamos en conductas competitivas ni autoritarias, ya que éstas no determinan un carácter fuerte sino una mala actitud ante la vida y ante la propia pareja.

2 Comentarios
  • 20 Minutos por día
    Publicado a las 16:02h, 23 junio Responder

    Bravo…Bravísimo! Un post muy inspirador 🙂

    • MOA
      Publicado a las 18:25h, 24 junio Responder

      Muchas gracias!Me alegra mucho que te haya inspirado.

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