SOY MOA, Y ¿QUÉ?

Hoy es el día en el que de nuevo me siento a escribir por primera vez después de mucho tiempo.

He estado tan atareada creando todo el contenido de MOA que a penas he tenido tiempo para “oírme pensar” como yo digo.

No sé si a vosotras os ha pasado, llegar a veces a un punto en el que lo más cerca que querríais estar de vosotras mismas en ese momento sería a 10.000 kilómetros de distancia. Si os ha pasado entonces me comprenderéis bien.

Estoy tan agotada de tecnicismos, de tareas por hacer y de sentirme culpable por no dar más de sí, que creo que lo de Mujer Orquesta al Aparato se me queda corto.

Si algo he aprendido de mi experiencia de los últimos tiempos es que he de darme espacio para el error y de que de las cosas imperfectas se aprende algo, pero, a veces, me dejo llevar por mi instinto anti-fracaso y me cabreo conmigo misma.

En otras palabras, lo mejorable no sirve y me saboteo a mi misma. Ya me pueden decir misa en latín, “qué bien lo has hecho”, “qué bien te ha quedado”, “qué gran trabajo”, que me entra por un oído y me sale por el otro. Vamos que el subidón que me da oír esas palabras me dura menos que un huevo kinder en las manos de mi hija (fanática del chocolate como su madre).

Así que ni corta ni perezosa me he dicho, venga, “menos drama y más aplicarte el cuento”. “Descansa, toma aliento y sigue con una cosa detrás de la otra”.

Pero amigas Orquesteras (y lo pongo en mayúscula porque somos mujeres con nombre propio, sí), “nadie dijo que fuera fácil” (y menos yo), así que respiro hondo, tomo un vaso de agua (un mojito a estas horas casi que no) y me pongo a pensar en el fin que persigo con todo esto. En lo que un día me llevó a la necesidad de crear esta comunidad de mujeres imparables, con sueños (y con sueño también para que nos vamos a engañar) y con espíritu emprendedor.

Mujeres capaces de relegar sus anhelos y sus vidas a un tercer plano en pro de satisfacer las exigencias del mundo que les rodea.

Ese es mi foco de luz. Todas esas mujeres a las que pueda ayudar con mi experiencia, esas mujeres que lidian con trabajos que no les gustan para poder conciliar, esas mujeres que un día fueron divas y ahora se sienten marionetas. Esas mujeres que un día rompieron esquemas y quieren volver a hacerlo.

Es en ese momento en el que, cuando después de ampliar el objetivo y llevarlo a esas mujeres y no solo a mí, me doy cuenta de que esto sigue mereciendo la pena. De que he de seguir trabajando duro en lo que me gusta para que otras encuentren su camino y de que siendo mujer, madre y emprendedora me toca aceptar cada día como un reto.

Así que Orquesteras, “va por ustedes”, por todas y cada una de las mujeres que se identifican con lo que explico. Va por todas esas mujeres que tienen claro que el camino no es fácil, que la crítica está a la orden del día, que los hijos son una bendición y una carga (aunque esté mal decirlo), que para poder sobresalir como un hombre en el ámbito profesional se han de cargar de armas y que si quieren tomar las riendas deben explotar su creatividad y emprender un nuevo rumbo.

Me quito el sombrero ante todas vosotras.

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